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Geplaatst op: 11 noviembre 2016 om 11:07
Bewerkt op: 11 noviembre 2016 om 11:08

¡Ayuda! Soy una comedora emocional

Una disputa con su pareja, un pico de estrés en el trabajo, un conmovedor recuerdo del pasado… Varios factores pueden influenciar sus emociones. Cuando nos sentimos tristes, deprimidos o insatisfechos, la comida puede presentarse como la solución para hacernos sentir mejor.

Se coge un trozo de chocolate «como consuelo», pero después nos sentimos aún más deprimidos y culpables, y por eso salimos en busca de otra chuchería. Así se desarrolla el círculo vicioso de la ingesta emocional, que lleva a la consecuencia del sobrepeso. ¿Le afecta a usted también? No es el único. La psicóloga holandesa Tatjana van Strien subraya que, en los últimos 25 años, la cantidad de personas que comen por cuestiones emocionales ha aumentado considerablemente.

Estrés y hormonas

El estrés también puede provocar este tipo de ingesta emocional. Durante situaciones de estrés se activa la ghrelina, también conocida como hormona del hambre y encargada de estimular el apetito. Es la conclusión de diversas investigaciones norteamericanas: si los niveles de ghrelina en la sangre se elevan, la sensación de hambre será más pronunciada.

«Como emocionalmente»

Aunque mayoritariamente son las mujeres las que comen por cuestiones emocionales, no es un problema exclusivamente femenino y también lo sufren los hombres. No siempre resulta fácil no recurrir a un chuchería para consolarse, ¡pero tampoco es imposible evitarlas! Si cede, a la larga se debilitará emocionalmente. Piense que no desea ganar peso y tampoco es necesario. En nuestro próximo artículo le proporcionaremos cinco consejos para evitar la ingesta emocional.

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